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martes, 3 de agosto de 2010

Pienso y luego... deseo no haber existido


A veces no sé si es la lluvia, la música o si la mente mía es la que se empeña en traerte presente, siento que cada gota es una de las letras que componen tu nombre, que lo escriben sin parar de forma repetida, gradual y constante, y, cuando cesa queda el suelo empastado con tu nombre, y cada hoja, cada árbol, cada pared, cada charco me recordará tu virtual presencia.

La música, cualquier verso, cualquier palabra, alguna frase por bella o por su contenido siempre me hará pensarte, a imaginarte, a crearme escenas irrepetibles de un pasado que simplemente ya es parte de él, pasado, de un presente que violentamente me recuerda un futuro inexistente.

Los colores, las formas, las texturas me traen recuerdos tan llenos de dulce amor y al mismo tiempo amargura, ya es costumbre de que sin falta estés dentro de mis sueños el primer día de cada mes, (con más insistencia), y me aguanto las ganas al despertar para no llamarte. Quisiera golpearme contra la pared para ver si puedo lograr perder la memoria de una vez por todas. Pensarte me hace daño, pero dejar de pensarte: también. Sé que borrar lo malo es difícil, pero seguro estoy que lo es más borrar los bellos momentos. También es difícil dejar de echarse la culpa por no permitir que continuasen pasando.

Supongo que ciertamente existe la ley de causa y efecto, hubo una causa con doble efecto, o en su defecto: con efectos secundarios. Se supone que no debería estar escribiendo, así: oyendo la lluvia, tan a solas con la radio; y mucho menos con lápiz y papel, ya que podría cometer un suicidio literal con tanto drama ¿qué se puede esperar? pero así es, no todos tenemos la dicha de vivir con lo que deseamos, pero si podemos vivir con la esperanza de tener todo lo que seamos capaz de soñar.